Derechos Humanos y Cristiandad
Entrevista a Pedro Arrupe
Pedro Arrupe: “El verdadero distinguirse ha de darse en el comportamiento con Cristo”
Este hombre que nació en Bilbao capital de Vizcaya España, dejó sus estudios de medicina e ingresó en la Compañía de Jesús para ser médico no sólo de cuerpos sino también de almas, nos muestra su visión de lo que debe ser el trabajo del Servicio Jesuita a Refugiados en el mundo, a través de sus experiencias como médico, como persona y sobre todo como instrumento de Dios hasta sus últimos días incluso preso de una trombosis cerebral, que le impidió continuar como general de la Compañía de Jesús pero no seguir luchando desde la oración.
—¿Cómo fue ese llamado de Jesús para Ud.?
—Cuando mi padre muere decidí hacer un viaje al santuario de la virgen de Lourdes en Francia con mis hermanas y asistí a más de una curación milagrosa, teniendo la oportunidad de analizarlos como estudiante de Medicina. Sentí a Dios tan cerca en sus milagros, que me arrastró violentamente tras de sí.
— Usted fue enviado a Japón ¿Qué significó esa misión en su vida?
—Digamos que esa experiencia fue el inicio de todo lo que vendría después. Yo estaba a cargo del noviciado de Nagatsuka, una colina a las afueras de Hiroshima y en 1941, un año después de haber llegado, Japón entra en la II Guerra Mundial. Tres años después estalló la bomba atómica en Hiroshima y yo fui testigo de ese horror al ver a los heridos como fantasmas ambulantes, con la piel desgarrada, hecha un amasijo con la ropa ennegrecida, flotando a jirones, los cuerpos cubiertos de ampollas y manchas rojas y violetas, otras negras, como carbonizadas. En ese momento reaccioné y convertí el noviciado en un improvisado hospital; la biblioteca y el recibidor eran la enfermería y el despacho del rector la sala de operaciones. Mi historia personal cambió de rumbo y desde mi fe puse todas mis fuerzas para dar la ayuda que fuera posible a aquellos seres infortunados.
No dormí en varios días curando, consolando, rezando. Pasados aquellos meses terribles, recorrí muchos países para contar mi experiencia, crear conciencia y exhortar al mundo de que ¡nunca más!
Después de la experiencia en Hiroshima, Arrupe va a contemplar con los ojos de quienes padecen las injusticias, viendo el mundo desde las víctimas y los pobres de la tierra, esta es su experiencia fundante y la hace su prioridad hasta fundar el SJR, según Alfredo Infante SJ, director del SJR para Latinoamérica y el Caribe.
Para Mark Raper S.J. director internacional del Servicio Jesuita a Refugiados, “Arrupe se preguntaba retóricamente ¿Cuál sería la actitud de Ignacio ante los desastres de nuestra época, los fugitivos del mar (boat people), las multitudes hambrientas en el cinturón del Sahara, los refugiados y los emigrados forzosos?... ¿Sería equivocado pensar que Ignacio, en nuestro tiempo, hubiera hecho más, hubiera hecho de otra manera que nosotros?”.
—¿Cuál fue el primer paso para fundar el Servicio Jesuita a Refugiados?
—En 1979 y 1980, me reuní con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, así como con Robert Mac Namara, presidente del Banco Mundial para plantearles mi inquietud sobre los refugiados y ambos me confirmaron que los organismos mundiales existentes eran inadecuados para atender simultáneamente a la prevención de los conflictos de la época y a la atención de los desplazados por dichos conflictos.
Es así como el Servicio Jesuita a Refugiados se funda no sólo para que los jesuitas ofrecieran sus servicios a los refugiados, sino también como un camino para que otras congregaciones religiosas, colaboradores y amigos pudieran dar una respuesta a este problema.
Para Luis Ugalde SJ, Arrupe era un hombre de profunda fe que “creía más en Dios que en cálculos humanos, cosa poco frecuente en este mundo, y su inspiración renovadora influía en la vida religiosa y en la vida de la iglesia. Era impresionante su libertad para defender los principios, más allá de los costos personales”.
—¿Cuál es la característica del trabajo del SJR?
—Todo hay que llevarlo a cabo con una gran dosis de discernimiento. No basta con tener un día una idea luminosa y lanzarse sin más, a llevarla a cabo. ¡No! Podría ser funesto. A menos que la persona fuese un siervo profético con una maravillosa idea… Esta mezcla de profetismo y prudencia, de seguridad y riesgo, constituyen situaciones muy complejas. Estáis aquí precisamente en el punto más candente respecto a este problema.
—¿Cómo coordinar trabajos en distintos lugares y con necesidades tan particulares?
—¡Unidad! Esto es lo importante. Tenemos la misma espiritualidad y el mismo compromiso con Cristo. Distinguirse, en la idea de San Ignacio, no es distinguirse en el saber (puede también serlo); sino que el verdadero distinguirse ha de darse en el comportamiento con Cristo. Hemos de distinguirnos en nuestro compromiso. Esto es, creo, lo importante.
Nos encontramos aquí con situaciones difíciles y complejas de todo orden –políticas, financieras, sociales y no sé cuántas cosas más– pero, por otra parte, existen también enormes posibilidades de poder ser una verdadera ayuda a los desplazados y refugiados. Por eso, precisamente, hemos de resolver el problema lo mejor que podamos, no comenzar por un trabajo muy importante, sino más bien poco a poco, buscando y encontrando caminos. La situación actual del mundo es enormemente cambiante. Resulta pues difícil trazar un plan fijo.
— ¿Cuáles deben serlos criterios espirituales y políticos para llevar adelante la misión del SJR?
— Espiritualmente, lo importante es encontrar la voluntad de Dios y llegar a hacer posible, mediante la oración y la generosidad, un consenso después de una madura reflexión. ¿Qué hay equivocaciones? ¡Bueno! ¡También las equivocaciones entran en la voluntad de Dios! Ese es el camino; ese es el modo de proceder en la Compañía.
Por otro lado, se debe tener una política unitaria que habrá de ser flexible; siempre tenéis que orar y pensar como grupo para hallar esta política general, los principios y las bases que puedan aceptar todos y aunque habréis de afrontar tensiones, puesto que tenemos diferencias de opinión, cada uno debe exponer con claridad sus opiniones y explicar sus experiencias y al final hay que llegar a una conclusión. Quizás alguno tenga que cambiar de opinión, o al menos actuar en conformidad con el parecer de los demás. Es el precio que hemos de pagar.
—¿Cuál es el perfil de un coordinador para el SJR?
—Es necesario que sea alguien que trabaje con plena dedicación en esto, capaz de escuchar opiniones. No puede poner su opinión personal por delante, debe escuchar a cada uno de vosotros y a aquellos que vienen de otras partes; a los obispos de aquí y a todo cuanto va sucediendo. Luego deberá consultar con el superior local y definir una política finalmente. Debe ser pues un hombre muy bueno, abierto, prudente y valiente a la vez; porque mientras que para las últimas decisiones depende del superior local, tiene que ser a la vez el ejecutor de esta política estratégica. Y a veces, como ocurre en la ejecución de decisiones de gobierno, el intermediario puede ser o una gran ayuda, o bien crear indeseables problemas burocráticos.
En 1965, “después de ser elegido general de la Compañía surgieron tensiones internas dentro de la orden, que el mismo Arrupe contribuyó a desatar con sus cartas, reflexiones y decisiones”. Un año después, el 12 de diciembre, “dirigió una carta a los Jesuitas latinoamericanos para sacudir sus conciencias sobre todo en el terreno educativo, criticando la poca orientación social de los colegios y universidades (…) La Compañía está al servicio de todos, especialmente de los más pobres y que eso no lo estaban cumpliendo los jesuitas”. Escribiría F. Javier Duplá Sj.
—¿Sólo los católicos pueden desarrollar este tipo trabajo?
—Quizás sea una idea utópica pero sería estupendo para la Compañía contar con no-cristianos para el trabajo en los pueblos. A través de los “mass media” podríamos presentar cosas a nivel humano y así multiplicar el trabajo y sus efectos, contribuyendo indirectamente a la construcción del país. Esos no-cristianos estarían haciendo algo de buena voluntad y pienso que aquí hay toda una posibilidad nueva de apostolado. Creo que estaría bien pararse a pensar en ello.
A sus 27 años de fundado, el SJR cuenta con equipos conformados por católicos, protestantes, musulmanes, judíos y no-creyentes. La utopía del padre Arrupe se ha hecho realidad, según Alfredo Infante SJ.
—¿Qué opina de la gente que ayuda a los victimarios en Latinoamérica?
— Eso es algo que me pregunto con frecuencia y no es tan claro decir que no y quizás yo lo haya dicho. Pero se trata de hombres, de seres que sufren. Si alguien está herido, aunque sea de la guerrilla, ¡hay que ayudarle! Este es el significado de la parábola del Buen Samaritano. ¿Eso es hacer política? Hay gente que así lo ve. Pero ¡No! En ese momento estoy actuando como sacerdote. Estoy ayudando a este hombre concreto, aquí. No me importa que sea religioso o no católico. Es un hombre en necesidad. Un hombre que sufre… Es verdad que no debemos ser ingenuos y permitir que otros nos manejen políticamente. Pero también, por otra parte, debemos vivir el compromiso cristiano. Por eso hay mucha gente en Latinoamérica que están ayudando a otros, metiéndolos en su propia casa para salvarles la vida. Una cosa es caridad, otra son los principios y otra tercera es la casuística. Y la casuística es muy difícil de solventar. Pero debemos mantenernos abiertos para muchas cosas. ¡Bien! Nos encontramos aquí en una situación límite. ¡Seamos prudentes!
—¿Qué mensaje tiene para los que trabajan en el SJR?
—Me parece que tienen que estar muy contentos con el trabajo que hacen aquí. Están llevando a cabo una magnífica obra, que aunque difícil, es muy importante; —agregó— ¡me siento feliz! Veo una tremenda posibilidad para la Compañía, no solo para trabajar con los refugiados, sino porque este mismo trabajo puede ser una auténtica escuela para aprender nuevas posibilidades.
En agosto de 1981, tras regresar de un viaje por distintos países de Asia, adonde había ido para visitar a los refugiados camboyanos, Arrupe sufre una hemiplejía que le incapacita para su labor.
—¿Cómo han sido estos últimos días?
— No es tanto el dolor físico, ni la inmovilidad lo que me deprime, sino mi incapacidad para comunicarme y llevar una vida normal. Pero hoy más que nunca me siento en las manos de Dios. Eso es lo que he deseado toda mi vida, desde joven. Y eso también es lo único que sigo queriendo ahora, con una diferencia: hoy toda la iniciativa la tiene el Señor. Les aseguro que saberme y sentirme totalmente en sus manos es una profunda experiencia.
Con un brillo en los ojos, concluyó:
—No lo olvidéis; ¡Orad, orad mucho! Este tipo de problemas no se resuelve solamente con esfuerzos humanos. Te estoy diciendo cosas que desearía acentuar; un mensaje; quizás mi “canto del cisne” para la Compañía. Tenemos muchas reuniones y encuentros, pero quizás no oramos lo suficiente. ¡Rezamos al comienzo y al final! Si empleásemos medio día en orar sobre nuestras supuestas conclusiones o puntos de vista, tendríamos luces tan diferentes y síntesis tan distintas, como nunca encontraríamos en los libros, ni en las meras discusiones.
Esta entrevista imaginaria se realizó en conmemoración al centenario del nacimiento del Padre Pedro Arrupe SJ (14 de noviembre de 1907- 05 de febrero de 1991), Las respuestas fueron extraídas de su última charla en Tailandia el 06 de agosto de 1981, de los artículos publicados en la revista Jesuitas de Venezuela, No. 2 año 2007: Arrupe ser santo en el mundo de hoy (por F. Javier Duplá)/ Mis recuerdos del P. Arrupe (Luis Ugalde, SJ), de la página web jesuitas.es y de la carta fundacional: “El Servicio Jesuita a Refugiados y la Tradición Ignaciana” Por Mark Raper S.J. director internacional del Servicio Jesuita a Refugiados.
SJR COLOMBIA
El SJR -Servicio Jesuita para Refugiados- amenazado por Internet.
Un grupo que se hace llamar “Comando Conjunto de Limpieza” envió mensajes intimidantes por correo electrónico a organizaciones de desplazados y defensoras de derechos humanos. Las amenazas de muerte llegaron a correos personales e institucionales.
Amenazas de muerte a través de correos electrónicos personales e institucionales, por parte del “Comando Conjunto de Limpieza”, recibieron desde el pasado miércoles 26 de mayo varias organizaciones de desplazados y defensoras de derechos humanos, entre ellas la del Servicio Jesuita a Refugiados con sede en Barrancabermeja.
Como se recordará, el Servicio Jesuita a Refugiados es una organización internacional de la Compañía de Jesús, que acompaña, sirve y defiende a cientos de refugiados y desplazados en más de 50 países, en especial aquellas naciones en donde la guerra ha generado crisis humanitarias de grandes proporciones.
Desde hace quince años el Servicio Jesuita a Refugiados se estableció en Barrancabermeja, y desde ese momento comenzó a trabajar de manera silenciosa, pacífica y efectiva con cientos de personas en situación de desplazamiento en el Magdalena Medio y en otras regiones del país. El propósito siempre ha sido el de reconocer los derechos humanos de los desplazados y la reconstrucción de su proyecto de vida.
De acuerdo con la información que conoció el periódico EL FRENTE, pese a las amenazas, el Servicio Jesuita a Refugiados seguirá trabajando al lado de la población en situación de desplazamiento por la creación de condiciones que garanticen una vida digna.
Señalaron los voceros, de la misma manera, que seguirán en la búsqueda de caminos de paz y reconciliación entre los colombianos a través del diálogo y el fomento del respeto a los Derechos Humanos.
Ante esa situación de amenazas el Servicio Jesuita a Refugiados solicitó al Estado colombiano la pronta y cumplida justicia en el esclarecimiento de estos hechos así como la protección de las organizaciones y personas que han sido amenazadas.
El comunicado a la opinión pública que conoció el periódico EL FRENTE al respecto de las amenazas a organizaciones de desplazados y defensoras de derechos humanos, a través de correos electrónicos, estaba firmado por el Director Mundial del Servicio Jesuita a Refugiados, sacerdote jesuita Peter Balleis; el Director del Servicio Jesuita a Refugiados para Latinoamérica y el Caribe, SJ Alfredo Infante; y el Director del SJR para Colombia, SJ John Montoya.
El Servicio Jesuita a Refugiados que trabaja en Barrancabermeja a favor de los desplazados fue víctima de amenazas de una fuente anónima que se hace llamar “Comando Conjunto de Limpieza”. Desde Roma, sede del SJR, llegaron los rechazos a esas amenazas
El SJR desde 1994
El Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) es una organización de la Compañía de Jesús, fundada en 1980 por el Padre Pedro Arrupe, Superior General de los Jesuitas, con el objeto de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y las personas en situación de desplazamiento. En Colombia el SJR hace presencia desde 1994 y ha venido trabajando con Población en Situación de Desplazamiento (PSD) desde 1995. “Actualmente ofrece asistencia a PSD en educación, asistencia en salud, nutrición, proyectos productivos, incidencia política, derechos humanos, y servicio social en general.” De todos estos campos, la incidencia ha sido una de las preguntas que esta organización se ha hecho con más insistencia.
El SJR es una organización de la Compañía de Jesús cuya misión consiste en “acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y las personas en situación de desplazamiento”.
Para el caso colombiano, la misión se constituye así: “Servir, Acompañar y Defender a la población en situación de desplazamiento causado por el conflicto sociopolítico y a la población infantil en alto riesgo de vincularse a grupos armados para que construya o reconstruya un proyecto de vida que aporte a la construcción de un país participativo, equitativo y desarrollado”.
Tomado de http://www.elfrente.com.co/index.php/justicia-general/179-jesuitas-amenazados-por-internet.html
Sjr Colombia
"El SJR muestra la valentia y el sufrimiento de las personas en situacion de desplazamiento como un espejo para el mundo, proponiendonos un reto: reflexionar sobre los modos en que nuestras vidas deberian cruzarse con las suyas" Peter O'Driscoll SJ
“El SJR le apuesta en Colombia a que los niños y las niñas puedan tener un desarrollo normal, se formen y eduquen y puedan construir a Colombia..."
Entrevista al Padre John Jairo Montoya S.J.
Jonh es el director nacional del SJR Colombia y coordinador del proyecto de víctimas Programa Desarrollo y Paz de Magdalena Medio.
A su paso por Entreculturas, cuando se celebra el Día de Menores Soldado, explica cómo trabajan con los desplazados, muchos de los cuales “hablan como si reaparecieran después de meses desaparecidos”.
Foto: Jonh es el primero de derecha a izquierda
“El SJR le apuesta en Colombia a que los niños y las niñas puedan tener un desarrollo normal, se formen y eduquen y puedan construir a Colombia desde la paz”
En Magdalena Medio, una de las regiones colombianas más ricas en recursos naturales, y por lo tanto más conflictivas, nació el Servicio Jesuita a Refugiados - Colombia para ayudar a las víctimas de los desplazamientos, tanto del país como de las naciones vecinas. Un total de tres millones de personas han tenido que dejar sus tierras, una cifra que pasa desapercibida en la sociedad pero que Entreculturas, junto a sus socios locales, trata de visibilizar.
¿Cómo se encontró la realidad colombiana a su llegada al SJR como director?
Una de las cosas que me sorprendió a mi llegada al SJR fue cuando descubrí que está dividido en dos: el SJR componente Colombia y el SJR Caribe. El SJR componente Colombia lo conforman Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador. Colombia es el centro de atención de esos cuatro países. En Colombia tenemos desplazados por la violencia, en Panamá, colombianos que se van buscando refugio a la frontera, en Ecuador y en Venezuela igual. Y luego está el SJR Caribe que es un componente muy distinto.
Esto es el abrebocas que indica lo compleja que es la situación puesto que tienen tintes internacionales. Es un problema de tierras y de concentración de poder. La gente con la capacidad de tomar las decisiones en Colombia tiene tentáculos por todos lados: en el terreno económico, en los medios de comunicación, en lo político… Y a eso se le aúnan factores como la incapacidad que tenemos los colombianos de tener una oposición seria, que plantee soluciones serias y reflexivas, proactiva. Eso ha generado lo que conocemos como la guerrilla: algún sector no vio otra solución que tomar las armas para generar algún cambio. Asunto que ya hoy tenemos claro que nunca se va a lograr. El acceso al poder por la vía armada, al menos en el caso colombiano es imposible. En la medida en que haya guerrilla en Colombia la izquierda colombiana pocas posibilidades de acceso al poder va a tener.
¿Cómo es el trabajo del SJR en Colombia, en qué áreas se divide?
Una de las más importantes es la de acción humanitaria: ayudar a los desplazados justo en el momento en que ocurre el desplazamiento o cuando acaba de ocurrir, mediante albergues, dándoles techo transitoriamente, proporcionándoles alimentos, escuchándoles… Cuando ocurre el desplazamiento la gente queda en shock, se les viene el mundo encima, se les cierra el panorama, se les oscurece la vida… Una de nuestras funciones es la de ayudarles a ver claros los hechos, a acompañarlos en las exigencias ante el estado, etc. Es muy bello el trabajo que tenemos de escuchar, en este mundo donde cada vez la gente tiende menos a escucharse, nosotros “perdemos el tiempo” en hacerlo. A veces hablan como perdidos, como cuando una persona aparece después de haberse perdido por meses, hablan y hablan incoherencias, por el mismo shock del desplazamiento que suele estar precedido por desapariciones, homicidios, largas caminatas…
Otra función del SJR es la de prevención, que hacemos más con niños o jóvenes (desplazados o que están en un territorio altamente vulnerable al desplazamiento). Ahí lo que hacemos es fomentar los derechos de los niños, haciendo una campaña también con adultos. Fomentar la capacidad de los niños de salir de su problema, de recuperarse de sus dolores o fracasos.
Por último trabajamos en la Incidencia nacional, que comprende colegios, voluntariado puente, el área de comunicaciones y el área institucional de organización interna del SJR.
¿Qué dificultades encuentran en el desempeño de su trabajo?
Para mí, como director, la principal preocupación cada día es el tema de la seguridad de mi equipo, por las malas infraestructuras, posibilidades de accidentes, de ataques, etc.
Por otro lado, y después de tantos años que se hace visión al desplazamiento en Colombia, con unas leyes de las más modernas, con un sistema judicial bastante garantista de los derechos de los desplazados, aún así el Estado no quiere solucionar definitivamente este problema, que es un problema de tierras. Es increíble que en Colombia una familia o una persona se adueñe de una extensión de tierra equivalente a Bélgica, eso no tiene ni pies ni cabeza en una democracia. Y acumulan esas extensiones a través del desplazamiento, valiéndose de los actores armados para asustar a la gente y apoderarse de sus tierras. Se llama despojo y son alrededor de 3 millones de desplazados.
El gobierno se ha empecinado en desvirtuar esa cifra y en decir que los desplazados son migrantes, casi los trata de vacacionistas. Se lo oí al mismo presidente de la República en una ocasión en que estuve reunido con él el año pasado: nos decía, “es que el Estado a los desplazados los va a tratar como pobres, con una serie de programas generales para los pobres o clases más desfavorecidas sobre vivienda”. A mí me parece muy grave porque creo que detrás del desplazamiento lo que hay es una gran injusticia, los desplazados son víctimas y están reclamando una reparación y el Estado se la está negando.
Otra de las dificultades es la de financiación, sostener el equipo tan grande que tenemos cuesta dinero. Po r último, la de la insensibilidad de los colombianos a este tema. La gente ya se acostumbró a la cifra, que se escucha con mucha facilidad y hemos perdido la capacidad de escandalizarnos. Eso tiene sus consecuencias, a veces tratamos con desparpajo esa realidad, o con desdén, o simplemente la ignoramos. Eso dificulta nuestro trabajo. La juventud colombiana está muy derechizada en este momento, muy identificada con el capital, con la propiedad consumista, con el provecho personal, y el egoísmo, donde hay cierta ceguera ante los problemas históricos de nuestro país. Lo veo con mucha preocupación. Por eso el voluntariado puente tiene por objetivo sensibilizar a los jóvenes profesionales con esta realidad. Yo he visto voluntarios y voluntarias en shock cuando les toca ver, palpar, coger con sus manos la realidad en las regiones donde estamos. Y eso les cambia la vida.
También tenemos un programa de sensibilización, el SJR Colegios, donde vamos mostrando la realidad del país para lograr que entiendan y se comprometan con una transformación que requiere el compromiso de todos.
¿En qué medida apoya Entreculturas este trabajo?
Encuentro que EC ha sido quizá la organización de cooperación más sensible al tema del desplazamiento, y donde hemos encontrando más empatía y solidaridad. Y es una solidaridad de corazón y efectiva. Nos apoyan en proyectos muy importantes e incidencia de SJR Colegios, de acción humanitaria. La labor de acompañamiento y de cooperación de EC ha sido decisiva en estos últimos años.
¿Cómo cree que los españoles entienden el conflicto colombiano, qué visión tiene la sociedad sobre este conflicto?
El diario de mayor circulación en Colombia está controlado por una familia metida en la vida política del país desde hace muchos años. En este momento El tiempo vendió unas acciones y las compró PRISA. Ellos se encargan de manipular las informaciones. Esta semana la revista Cambio, muy crítica al gobierno, ha cerrado sus puertas con la aparente razón de que era inviable económicamente. La convirtieron en una revista mensual de vanidades.
Hay muchos clichés acerca de Colombia y estigmatización, dices colombiano e inmediatamente le hablan a uno de la guerrilla, de la coca, de la muerte… Y se desconoce la cultura, la capacidad de trabajo que tenemos, la valentía, el optimismo, la pasión por la vida, la capacidad para salir adelante en tiempos difíciles, y el gran trabajo que hacen los inmigrantes latinos, pero especialmente los colombianos…
Lo que más me duele es la falta de conciencia de la juventud de que con sus vicios están contribuyendo a la destrucción de nuestro país. La guerrilla colombiana es alimentada en un 80% por el narcotráfico. Y el consumo de drogas se da en Europa y en EEUU, mientras que lo que hacen las políticas es cerrar las fronteras y estigmatizar a los colombianos. Mucha gente de bien se viene a buscar otras alternativas que no encuentran en su país.
¿Qué petición haría al estado colombiano y en la medida posible al español?
Yo le pediría al Estado colombiano políticas públicas serias que ya están esbozadas en las leyes que tenemos, y que cumpla con las sentencias de los jueces y trate a los desplazados como seres humanos que merecen una atención especial. También que pare esa espiral de despojo que comenzó con la exclusión de su territorio y que continuó en las ciudades, donde siguen engrosando la espiral de miseria.
Al gobierno español le pediría mucha más cooperación con el estado y con las organizaciones, mucha más exigencia al Estado colombiano para que se cumplan o se diseñen las políticas y también para que las multinacionales españolas no causen más desplazamientos. Las multinacionales europeas financian o se valen de grupos armados para sacar a los campesinos de sus territorios porque son un estorbo en sus proyectos macroeconómicos. Y los medios de comunicación tapan esto. Tenemos casos famosos como el de Chiquita Brands: Estados Unidos financió a los paramilitares en el Urabá y no ha pasado nada. Deben anteponer a los intereses económicos el trato humanizado de la población.
El número más alto de desplazados lo ponen las mujeres y los niños, son las víctimas más visibles.
¿Cómo trabaja el SJR en el tema de los menores soldado?
Nosotros formamos parte de la COALICO (Coalición Contra la Vinculación de Niños y Niñas y Jóvenes al Conflicto Armado en Colombia), donde tenemos una campaña fuerte a favor de la no vinculación de los niños a la guerra. Las niñas son llevadas a la guerrilla para que hagan la comida y para ser objeto de explotación sexual, las historias son terribles. Ha habido programas muy bonitos como el de “Mi cuerpo como territorio de paz” por el respeto a la sexualidad de los niños y también de las mujeres.
Los varones son adiestrados en prácticas de guerra, no conocen otra alternativa de vida más que la guerra. El Estado lo hacía legalmente vinculando a los menores bachilleres prestar servicio militar a los 16 años, aunque ya no. Pero la guerrilla sí continúa y es una buena manera de mantenerlos ahí por muchos años, no mostrándoles otra realidad y sembrándoles odio en su corazón.
¿Hasta qué punto pueden reintegrase en la sociedad?
La gente es mucho más generosa de lo que me esperaba, al menos en los casos que yo conozco. Los encuentro abiertos, conscientes de que es mejor tenerlos ahí quietos, sin armas en la mano que en un campo de batalla. Ha habido un esfuerzo por parte del Estado para darles atención psicológica y apoyo económico. Pero la pregunta que ellos tienen es “ellos tomaron las armas y causaron víctimas con ellas. Pero nosotros somos víctimas y no nos traen ningún programa”. Son ellos los victimarios y el Estado los sigue tratando bien, y nosotros que somos las víctimas no tenemos ninguna oportunidad. Hay algún resquemor, eso causa fricción, no directa pero sí malestar.
En prevención trabajamos con niños vulnerables de ser captados por la guerrilla o para actividades no lícitas como el narcotráfico. Tuvimos un hogar juvenil en Pozo Azul, al sur de Bolivar, con un programa de refortalecimiento cívico y cultural de esos chicos.
Muchos proceden de familias desestructuradas, entre los 8 y los 18 años. Los sacamos de los colegios, de las parroquias o de grupos que ya están funcionando, y empezamos el proceso acompañamiento, de formación en valores, de enseñarles a hacer cosas manuales, de expresión artística.
¿Qué esperanza queda en Colombia?
En el SJR le apostamos a la vida con dignidad del ser humano, a una Colombia desarrollada, igualitaria, con acceso a la justicia, en la que se puedan resolver los conflictos a través del diálogo, y las diferencias a través del intercambio de opiniones. Apostamos a que a la población en situación de desplazamiento algún día se le pueda hacer una reparación total de los daños que han sufrido y que esas nuevas generaciones puedan crecer libres de la amargura, del dolor, del horror del desplazamiento. El SJR le apuesta en Colombia a que los niños y las niñas puedan tener un desarrollo normal, se formen y eduquen y puedan construir a Colombia desde la paz.
Para Pensar
Cuando llegué al Chad, lo primero que que vi fue misioneros jesuitas, hermanas y seglares que con profesionalidad y lealtad se ocupaban de un hospital rural en el sur del país. Yo, como médico, debía introducirme en dicha estructura. El choque fue enorme: ver en qué condiciones sanitarias estaba la población me dio, sobre todo en un primero momento, el empujón más fuerte para empezar a moverme. En mis primeros meses en el Chad mi compromiso fue tratar de comprender cómo diagnosticar las enfermedades. La desproporción entre recursos y problemas a resolver, la mortalidad y la agresividad de las enfermedades que cada día tenía ante mis ojos, volvió aquella temporada muy difícil y pesada. Mis motivaciones fueron puestas a prueba:¿ por qué había pedido ir como médico jesutia al Chad? Día tras día, gracias a las conversaciones con otros religiosos, párrocos o seglares me di cuenta poco a poco de la realidad que me rodeaba.
Caí en la cuenta de que la Iglesia no estaba empeñada sólo en una obra de pastoral rural, sino también en impulsar el desarrollo para el bienestar de la población, en particular en salud y educación. En el Chad es común que la parroquia se haga cargo de una red de dispensarios, de escuelas primarias o de cooperativas agrícolas. A menudo la eficacia de estos esfuerzos estriba en la capacidad para encontrar ayudas y financiación en otros lugaresm fuera del país, vista la incapacidad del Estado para ocuparse de las necesidades primordiales de la población. He conocido misioneros que han sido capaces de construir a lo largo de los años una red de amistades dispuestas a sostener estructuras parroquiales, enviando recursos económicos y humanos en un verdadero espíritu de colaboración y gratuidad. Por otro lado, una de las preocupaciones del clero local ha sido justamente cómo seguir asegurando la vitalidad de estas redes de apoyo, haciéndoloas independientes de un misionero individual. En este logro se jugará mucho la credibilidad de la Iglesia respecto de los pobres: ¿seréis fieles a lo que habéis empezado?¿O ha sido un sueño, una chispa de ingenio o de generosidad de un hombre llegado de lejos?
Después de varios meses de trabajo me invitaron a participar en un foro de jesuitas y colaboradores sobre diversas realidades africanas, entre ellas la lucha contra el SIDA. La reunión tenía lugar en Nairobi, así que tuve ocasión de conocer AJAN (African Jesuit Aids Network). Pude compartir con los hermanos que trabajan en distintas partes de África, pude reflexionar y orar sobre los desafíos de la Iglesia y de la Compañía en África y todo esto me abrió los ojos sobre muchas cosas, pero sobre todo sobre mí mismo. Volví al Chad aparentemente sin muchas respuestas, pero con algo claro: como religiosos la prioridad era ser capaces de amar. Si en Occidente parece que la lucha contra el SIDA es cuestión de moral sexual y gira alrededor del uso de preservativos, en el Chad aprendía que la justicia también tiene su importancia vista la escacez de ARV (tratamiento antirretroviral), y de infraestructuras disponibles. Pero en Nairobi comprendí que en realidad todo se basa en el amor. ¿Iba a ser capaz de que los enfermos se sintieran realmente queridos? Cuanto más crecía esa pregunta en mí, más disminuía la disparidad entre recursos y problemas, y yo empezaba a comprender que el amor se juega en el campo de las posibilidades que uno tiene en un preciso momento y ante una persona concreta. El resto deja de tener valor, la idea de qe lo que uno "podría hacer si" no era más que un pensamiento inútil que entorpecía la cosa más importante: transformarse en acción para el otro porque amar es actuar.
*Fragmento. Renato Colizzi SJ. Promotio Iustitiae N.100, 2008/3.
Carta del Padre Kolvenbach, S.J.
Carta del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS)
1. La misión del Servicio Jesuita a Refugiados está estrechamente unida a la misión de la Compañía de Jesús (jesuitas): el servicio de la fe y la promoción de la justicia del Reino de Dios, en diálogo con las diversas culturas y religiones. Así lo escribió uno de los primeros compañeros de San Ignacio de Loyola: "La Compañía se preocupa por las personas por las que nadie se preocupa o que están poco atendidas. Esta es la razón fundamental de la fundación de la Compañía, ésta es su fuerza, esta es su particularidad dentro de la Iglesia."1 San Ignacio mismo ofreció acogida a los vagabundos de Roma y estableció organizaciones que continuaron este servicio. Muchos de sus seguidores han respondido a las necesidades sociales de su propio tiempo.
2. El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) fue fundado en 1980 por el Padre Pedro Arrupe, entonces Superior General de la Compañía de Jesús. JRS se creó como respuesta espiritual y concreta a la situación de los refugiados de aquel momento, y con el fin de coordinar las acciones de los jesuitas en este campo.2 Dado el creciente aumento en los desplazamientos forzosos durante los años ochenta y noventa, la Compañía de Jesús ha reiterado numerosas veces su compromiso por los refugiados.
3. En 1983, la Congregación General 33 reafirmó la preocupación de la Compañía por los refugiados e hizo un llamamiento para la "revisión de todos nuestros ministerios, tanto tradicionales como modernos"3. La Congregación urgió a la Compañía a prestar atención a algunos problemas críticamente urgentes, entre ellos "la dura condición de millones de refugiados en busca de un hogar estable, problema para el que pidió especial atención el Padre Arrupe".4
4. La misión del JRS, y su servicio a los "refugiados y personas desplazadas", fueron confirmados por el Padre General Peter-Hans Kolvenbach en una carta a toda la Compañía en 1990."Nuestro servicio a los refugiados es un compromiso apostólico de toda la Compañía, y en particular de las provincias de donde proceden los refugiados, aquéllas donde primero se acogen, y aquéllas donde finalmente se asientan. En un contexto local, la función de JRS es ayudar a las provincias a iniciar y desarrollar este trabajo en colaboración con otros organismos eclesiales y civiles, voluntarios o gubernamentales, que actúan en el mismo campo."5
5. En 1995, la Congregación General 34, llamó la atención sobre diversas situaciones críticas, entre ellas: "en nuestro mundo hay actualmente más de 45 millones de personas refugiadas o desplazadas, el 80% de las cuales son mujeres y niños. Acogidos a menudo por los países más pobres, se enfrentan a un empobrecimiento creciente y a la pérdida del sentido de la vida y la cultura, sin esperanza posible y la consiguiente desesperanza y desesperación".6
6. En 1997, el Papa Juan Pablo II señaló: "La Iglesia tiene una seria preocupación pastoral por el aumento del flujo de emigrantes y refugiados, y se cuestiona sobre las causas de este fenómeno y las condiciones específicas de aquéllos que se ven obligados a abandonar sus países por diferentes motivos. Ciertamente, la situación de los emigrantes y refugiados es hoy aún más preocupante. La violencia obliga en ocasiones a dejar sus hogares a poblaciones enteras, para huir de continuas atrocidades; frecuentemente la pobreza y la falta de perspectivas de desarrollo inducen a individuos y a familias enteras al exilio, buscando nuevas formas de supervivencia en tierras lejanas, donde no es fácil encontrar acogida".7
7. La Congregación General 34 confirmó JRS como un medio para que la Compañía lleve a cabo su misión de servicio a la fe y promoción de la justicia: "El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) acompaña a muchos de estos nuestros hermanos y hermanas, sirviéndolos como compañeros, y abogando por su causa en este mundo insolidario".8
8. La misión del JRS se dirige a todas las personas desplazadas de sus hogares por conflictos armados, desastres humanitarios o violaciones de derechos humanos, según la enseñanza social de la Iglesia que aplica la expresión 'refugiado de facto' a muchas categorías de personas.9
9. El Servicio Jesuita a Refugiados es, por tanto, una organización internacional católica cuya misión consiste en acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y de las personas obligadas a desplazarse. JRS facilita la participación de individuos y de comunidades en esta tarea, y promueve la cooperación regional y global en favor de los refugiados. JRS emprende tareas de ámbito nacional y regional, apoyado por una oficina internacional con sede en Roma.
10. JRS comparte la respuesta con la Iglesia a este problema, a nivel parroquial, diocesano e internacional. "Por su naturaleza, la Iglesia es solidaria con el mundo de los emigrantes que, con su variedad de lenguas, razas, culturas y costumbres, recuerdan su propia condición de pueblo que peregrina desde todas las partes de la tierra hacia el hogar definitivo."10
11. El Servicio Jesuita a Refugiados es una obra de la Compañía de Jesús, es decir, una actividad a través de la cual la Compañía lleva a cabo su misión11, y manifiesta los valores ignacianos,y de la cual asume su última responsabilidad de diversas formas. La Congregación General 34 pidió "que todas las Provincias apoyen a JRS en todo lo posible."12
12. El Servicio Jesuita a Refugiados forma parte del apostolado social de la Compañía, tal y como se expresa en las Características del Apostolado Social de la Compañía de Jesús. El apostolado social surge de la propia naturaleza y misión de la Compañía de Jesús. Su objetivo es que "las estructuras de convivencia humana se impregnen y sean expresión más plena de la justicia y la caridad"13. Las Características proporcionan criterios para planificar y evaluar las actividades de JRS.
13. De acuerdo con el espíritu ignaciano, JRS cuenta con la cooperación de laicos y de personas de otras congregaciones religiosas. "Todos los colaboradores en la obra (de JRS) deberían ejercer la corresponsabilidad y comprometerse en el proceso de discernimiento y de toma de decisiones compartida cuando sea necesario"14
14. Los criterios que JRS utiliza para la selección de sus áreas y actividades de trabajo están tomados de la Parte VII de las Constituciones de los Jesuitas, que trata de la misión de la Compañía de Jesús y de la selección de sus actividades.15 JRS da prioridad a las situaciones de mayor necesidad, a los lugares donde pueda obtenerse un bien más universal, y a las necesidades que otros no cubren. JRS escoge situaciones en las que pueda realizar una labor especial por causa de su propia experiencia, porque un colaborador (individuo o entidad) está ya establecido en ese lugar, o porque se trata de una iniciativa que puede ayudar a que otros se involucren.
15. Acompañar a los refugiados significa afirmar que Dios está presente en la historia de la humanidad, incluso en sus episodios más trágicos. Jesús, todavía niño, huyó con su familia al exilio. Durante su vida pública, pasó haciendo el bien y curaba a los enfermos, sin tener un lugar donde reclinar su cabeza. Finalmente, sufrió la tortura y la muerte en cruz. En compañía de Jesucristo y en servicio a su misión en medio de los refugiados, JRS puede ser un signo claro del amor y la reconciliación de Dios. La acogida bíblica a las viudas, a los huérfanos y a los extranjeros es el modelo que JRS toma como servicio pastoral auténtico.
Fiesta de S. José Roma, 19 de marzo de 2000
1 Jerónimo Nadal, MSHI, V.90-2,p.126
2 “La Compañía de Jesús y el Problema de los Refugiados”, Carta del P. Pedro Arrupe a todos los Superiores Mayores, 14 de noviembre de 1980.
Los objetivos y actividades del SJR fueron inicialmente establecidos por el P. Arrupe de la siguiente manera:
a) Establecer una red de contactos dentro de la Compañía con el fin de que pueda planificarse y coordinarse mejor el trabajo ya existente;
b) Recoger información que pueda conducir a nuevas oportunidades de asistencia a los refugiados;
c) Actuar como central de intercambio entre las ofertas de ayuda de las Provincias y las necesidades de organismos internacionales y otras agrupaciones;
d) Concienciar a la Compañía de la importancia de este apostolado y de las formas que puede tomar tanto en los países que los acogen provisionalmente como en los países de destino;
e) Centrar preferentemente la atención de la Compañía en los grupos o áreas de que se habla menos y apenas reciben ayuda;
f) Alentar nuestras publicaciones y centros intelectuales para que investiguen las raíces del problema de los refugiados y se pueda desarrollar una acción preventiva.”
3 CG 33, 1983, #39 (Nota: una Congregación General es el organismo más alto en la elaboración de decisiones dentro de la Compañía de Jesús.)
4 GC 33, 1983, #45
5 “ Revisión del Servicio Jesuita a Refugiados”, Carta de Peter-Hans Kolvenbach, S.J. a toda la Compañía, 14 de febrero de 1990.
6 CG 34, 1995, Decreto 3, “Nuestra Misión y Justicia”,# 16
7 Papa Juan Pablo II, Mensaje en la Jornada Mundial de las Migraciones, noviembre de 1997
8 CG 34, 1995, Decreto 3, “Nuestra Misión y Justicia”,# 16
9 El término refugiado está definido en la Convención de Naciones Unidas relativa al Estatuto de Refugiado de 1951. Puesto que esta definición se refiere únicamente a individuos con temor de persecución, algunas organizaciones regionales tanto en Africa (OUA 1969), como en América Latina (OAS 1984) han desarrollado definiciones que cubren con mayor amplitud los desplazamientos masivos como resultado del colapso social tras los conflictos y los abusos de derechos humanos. “Refugiados: Un Reto a la Solidaridad”, (Consejo Pontificio Cor Unum, y el Consejo Pontificio para el Cuidado Pastoral de Emigrantes y Personas Itinerantes, 1992), utiliza la expresión ‘refugiado de facto’ para definir a todas las “personas perseguidas por razón de su raza, religión, o pertenencia a un grupo político o social”, a “las víctimas de los conflictos armados, políticas económicas erróneas o desastres naturales”, y por “razones humanitarias”, y a los desplazados internos, es decir, los civiles que “son desplazados forzosamente de sus hogares por el mismo tipo de violencia que los refugiados, pero que no cruzan las fronteras nacionales.”
10 Mensaje de Juan Pablo II en la 85ª Jornada Mundial de Migraciones, 1999, #2
11 Constituciones, Parte VII, #622, #623
12 CG 34, 1995, Decreto 3, “Nuestra Misión y Justicia”, #16
13 Constituciones SJ - Normas complementarias, # 298-302
14 CG 34, 1995, Decreto 13, “Cooperación con los laicos”, #13
15 Constituciones, Parte VII, #622, #623