“El SJR le apuesta en Colombia a que los niños y las niñas puedan tener un desarrollo normal, se formen y eduquen y puedan construir a Colombia..."

Entrevista al Padre John Jairo Montoya S.J.


Jonh es el director nacional del SJR Colombia y coordinador del proyecto de víctimas Programa Desarrollo y Paz de Magdalena Medio.

A su paso por Entreculturas, cuando se celebra el Día de Menores Soldado, explica cómo trabajan con los desplazados, muchos de los cuales “hablan como si reaparecieran después de meses desaparecidos”.

Foto: Jonh es el primero de derecha a izquierda

“El SJR le apuesta en Colombia a que los niños y las niñas puedan tener un desarrollo normal, se formen y eduquen y puedan construir a Colombia desde la paz”

En Magdalena Medio, una de las regiones colombianas más ricas en recursos naturales, y por lo tanto más conflictivas, nació el Servicio Jesuita a Refugiados - Colombia para ayudar a las víctimas de los desplazamientos, tanto del país como de las naciones vecinas. Un total de tres millones de personas han tenido que dejar sus tierras, una cifra que pasa desapercibida en la sociedad pero que Entreculturas, junto a sus socios locales, trata de visibilizar.

¿Cómo se encontró la realidad colombiana a su llegada al SJR como director?

Una de las cosas que me sorprendió a mi llegada al SJR fue cuando descubrí que está dividido en dos: el SJR componente Colombia y el SJR Caribe. El SJR componente Colombia lo conforman Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador. Colombia es el centro de atención de esos cuatro países. En Colombia tenemos desplazados por la violencia, en Panamá, colombianos que se van buscando refugio a la frontera, en Ecuador y en Venezuela igual. Y luego está el SJR Caribe que es un componente muy distinto.

Esto es el abrebocas que indica lo compleja que es la situación puesto que tienen tintes internacionales. Es un problema de tierras y de concentración de poder. La gente con la capacidad de tomar las decisiones en Colombia tiene tentáculos por todos lados: en el terreno económico, en los medios de comunicación, en lo político… Y a eso se le aúnan factores como la incapacidad que tenemos los colombianos de tener una oposición seria, que plantee soluciones serias y reflexivas, proactiva. Eso ha generado lo que conocemos como la guerrilla: algún sector no vio otra solución que tomar las armas para generar algún cambio. Asunto que ya hoy tenemos claro que nunca se va a lograr. El acceso al poder por la vía armada, al menos en el caso colombiano es imposible. En la medida en que haya guerrilla en Colombia la izquierda colombiana pocas posibilidades de acceso al poder va a tener.


¿Cómo es el trabajo del SJR en Colombia, en qué áreas se divide?

Una de las más importantes es la de acción humanitaria: ayudar a los desplazados justo en el momento en que ocurre el desplazamiento o cuando acaba de ocurrir, mediante albergues, dándoles techo transitoriamente, proporcionándoles alimentos, escuchándoles… Cuando ocurre el desplazamiento la gente queda en shock, se les viene el mundo encima, se les cierra el panorama, se les oscurece la vida… Una de nuestras funciones es la de ayudarles a ver claros los hechos, a acompañarlos en las exigencias ante el estado, etc. Es muy bello el trabajo que tenemos de escuchar, en este mundo donde cada vez la gente tiende menos a escucharse, nosotros “perdemos el tiempo” en hacerlo. A veces hablan como perdidos, como cuando una persona aparece después de haberse perdido por meses, hablan y hablan incoherencias, por el mismo shock del desplazamiento que suele estar precedido por desapariciones, homicidios, largas caminatas…

Otra función del SJR es la de prevención, que hacemos más con niños o jóvenes (desplazados o que están en un territorio altamente vulnerable al desplazamiento). Ahí lo que hacemos es fomentar los derechos de los niños, haciendo una campaña también con adultos. Fomentar la capacidad de los niños de salir de su problema, de recuperarse de sus dolores o fracasos.

Por último trabajamos en la Incidencia nacional, que comprende colegios, voluntariado puente, el área de comunicaciones y el área institucional de organización interna del SJR.


¿Qué dificultades encuentran en el desempeño de su trabajo?

Para mí, como director, la principal preocupación cada día es el tema de la seguridad de mi equipo, por las malas infraestructuras, posibilidades de accidentes, de ataques, etc.

Por otro lado, y después de tantos años que se hace visión al desplazamiento en Colombia, con unas leyes de las más modernas, con un sistema judicial bastante garantista de los derechos de los desplazados, aún así el Estado no quiere solucionar definitivamente este problema, que es un problema de tierras. Es increíble que en Colombia una familia o una persona se adueñe de una extensión de tierra equivalente a Bélgica, eso no tiene ni pies ni cabeza en una democracia. Y acumulan esas extensiones a través del desplazamiento, valiéndose de los actores armados para asustar a la gente y apoderarse de sus tierras. Se llama despojo y son alrededor de 3 millones de desplazados.

El gobierno se ha empecinado en desvirtuar esa cifra y en decir que los desplazados son migrantes, casi los trata de vacacionistas. Se lo oí al mismo presidente de la República en una ocasión en que estuve reunido con él el año pasado: nos decía, “es que el Estado a los desplazados los va a tratar como pobres, con una serie de programas generales para los pobres o clases más desfavorecidas sobre vivienda”. A mí me parece muy grave porque creo que detrás del desplazamiento lo que hay es una gran injusticia, los desplazados son víctimas y están reclamando una reparación y el Estado se la está negando.

Otra de las dificultades es la de financiación, sostener el equipo tan grande que tenemos cuesta dinero. Po r último, la de la insensibilidad de los colombianos a este tema. La gente ya se acostumbró a la cifra, que se escucha con mucha facilidad y hemos perdido la capacidad de escandalizarnos. Eso tiene sus consecuencias, a veces tratamos con desparpajo esa realidad, o con desdén, o simplemente la ignoramos. Eso dificulta nuestro trabajo. La juventud colombiana está muy derechizada en este momento, muy identificada con el capital, con la propiedad consumista, con el provecho personal, y el egoísmo, donde hay cierta ceguera ante los problemas históricos de nuestro país. Lo veo con mucha preocupación. Por eso el voluntariado puente tiene por objetivo sensibilizar a los jóvenes profesionales con esta realidad. Yo he visto voluntarios y voluntarias en shock cuando les toca ver, palpar, coger con sus manos la realidad en las regiones donde estamos. Y eso les cambia la vida.

También tenemos un programa de sensibilización, el SJR Colegios, donde vamos mostrando la realidad del país para lograr que entiendan y se comprometan con una transformación que requiere el compromiso de todos.


¿En qué medida apoya Entreculturas este trabajo?

Encuentro que EC ha sido quizá la organización de cooperación más sensible al tema del desplazamiento, y donde hemos encontrando más empatía y solidaridad. Y es una solidaridad de corazón y efectiva. Nos apoyan en proyectos muy importantes e incidencia de SJR Colegios, de acción humanitaria. La labor de acompañamiento y de cooperación de EC ha sido decisiva en estos últimos años.


¿Cómo cree que los españoles entienden el conflicto colombiano, qué visión tiene la sociedad sobre este conflicto?

El diario de mayor circulación en Colombia está controlado por una familia metida en la vida política del país desde hace muchos años. En este momento El tiempo vendió unas acciones y las compró PRISA. Ellos se encargan de manipular las informaciones. Esta semana la revista Cambio, muy crítica al gobierno, ha cerrado sus puertas con la aparente razón de que era inviable económicamente. La convirtieron en una revista mensual de vanidades.

Hay muchos clichés acerca de Colombia y estigmatización, dices colombiano e inmediatamente le hablan a uno de la guerrilla, de la coca, de la muerte… Y se desconoce la cultura, la capacidad de trabajo que tenemos, la valentía, el optimismo, la pasión por la vida, la capacidad para salir adelante en tiempos difíciles, y el gran trabajo que hacen los inmigrantes latinos, pero especialmente los colombianos…

Lo que más me duele es la falta de conciencia de la juventud de que con sus vicios están contribuyendo a la destrucción de nuestro país. La guerrilla colombiana es alimentada en un 80% por el narcotráfico. Y el consumo de drogas se da en Europa y en EEUU, mientras que lo que hacen las políticas es cerrar las fronteras y estigmatizar a los colombianos. Mucha gente de bien se viene a buscar otras alternativas que no encuentran en su país.


¿Qué petición haría al estado colombiano y en la medida posible al español?

Yo le pediría al Estado colombiano políticas públicas serias que ya están esbozadas en las leyes que tenemos, y que cumpla con las sentencias de los jueces y trate a los desplazados como seres humanos que merecen una atención especial. También que pare esa espiral de despojo que comenzó con la exclusión de su territorio y que continuó en las ciudades, donde siguen engrosando la espiral de miseria.

Al gobierno español le pediría mucha más cooperación con el estado y con las organizaciones, mucha más exigencia al Estado colombiano para que se cumplan o se diseñen las políticas y también para que las multinacionales españolas no causen más desplazamientos. Las multinacionales europeas financian o se valen de grupos armados para sacar a los campesinos de sus territorios porque son un estorbo en sus proyectos macroeconómicos. Y los medios de comunicación tapan esto. Tenemos casos famosos como el de Chiquita Brands: Estados Unidos financió a los paramilitares en el Urabá y no ha pasado nada. Deben anteponer a los intereses económicos el trato humanizado de la población.

El número más alto de desplazados lo ponen las mujeres y los niños, son las víctimas más visibles.

¿Cómo trabaja el SJR en el tema de los menores soldado?

Nosotros formamos parte de la COALICO (Coalición Contra la Vinculación de Niños y Niñas y Jóvenes al Conflicto Armado en Colombia), donde tenemos una campaña fuerte a favor de la no vinculación de los niños a la guerra. Las niñas son llevadas a la guerrilla para que hagan la comida y para ser objeto de explotación sexual, las historias son terribles. Ha habido programas muy bonitos como el de “Mi cuerpo como territorio de paz” por el respeto a la sexualidad de los niños y también de las mujeres.

Los varones son adiestrados en prácticas de guerra, no conocen otra alternativa de vida más que la guerra. El Estado lo hacía legalmente vinculando a los menores bachilleres prestar servicio militar a los 16 años, aunque ya no. Pero la guerrilla sí continúa y es una buena manera de mantenerlos ahí por muchos años, no mostrándoles otra realidad y sembrándoles odio en su corazón.


¿Hasta qué punto pueden reintegrase en la sociedad?

La gente es mucho más generosa de lo que me esperaba, al menos en los casos que yo conozco. Los encuentro abiertos, conscientes de que es mejor tenerlos ahí quietos, sin armas en la mano que en un campo de batalla. Ha habido un esfuerzo por parte del Estado para darles atención psicológica y apoyo económico. Pero la pregunta que ellos tienen es “ellos tomaron las armas y causaron víctimas con ellas. Pero nosotros somos víctimas y no nos traen ningún programa”. Son ellos los victimarios y el Estado los sigue tratando bien, y nosotros que somos las víctimas no tenemos ninguna oportunidad. Hay algún resquemor, eso causa fricción, no directa pero sí malestar.

En prevención trabajamos con niños vulnerables de ser captados por la guerrilla o para actividades no lícitas como el narcotráfico. Tuvimos un hogar juvenil en Pozo Azul, al sur de Bolivar, con un programa de refortalecimiento cívico y cultural de esos chicos.

Muchos proceden de familias desestructuradas, entre los 8 y los 18 años. Los sacamos de los colegios, de las parroquias o de grupos que ya están funcionando, y empezamos el proceso acompañamiento, de formación en valores, de enseñarles a hacer cosas manuales, de expresión artística.


¿Qué esperanza queda en Colombia?

En el SJR le apostamos a la vida con dignidad del ser humano, a una Colombia desarrollada, igualitaria, con acceso a la justicia, en la que se puedan resolver los conflictos a través del diálogo, y las diferencias a través del intercambio de opiniones. Apostamos a que a la población en situación de desplazamiento algún día se le pueda hacer una reparación total de los daños que han sufrido y que esas nuevas generaciones puedan crecer libres de la amargura, del dolor, del horror del desplazamiento. El SJR le apuesta en Colombia a que los niños y las niñas puedan tener un desarrollo normal, se formen y eduquen y puedan construir a Colombia desde la paz.

texto encontrado en:

www.entreculturas.org/files/.../noticias/Entrevista_JonMontoya_editada.doc

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